En el profundo pesar de estos días, nuestra neo cultura pop se ve azotada por acontecimientos que golpean a toda una generación. Han surgido un montón de personajes queriendo rascar visitas o, peor aún, algo de reconocimiento virtual. En la actualidad, donde la IA generativa crea videos en tono de “homenaje” —que muchas veces parecen más una falta de respeto— o chicos sin una neurona buscan sumarse a la conversación, solo queda recordar que estamos viviendo, sin dudas, algunos de los momentos más complejos de nuestra humanidad.
Esta humanidad se encuentra en una constante búsqueda de reconocimiento virtual y, más aún, en una carrera por la fama y el poder. La muerte del creador de contenido argentino Gaspi, cuyo humor para un grupo de conservadores resultaba demasiado sarpado, y la de Oliver Tree, otro incomprendido de la escena que terminó marcando a toda una nueva generación de niños y adolescentes, dejan ver que actualmente cualquiera con un poco de reconocimiento puede generar un cambio desde la escena cultural.
Pero también nos obliga a preguntarnos qué tan lejos hemos llegado. Exactamente en el canal argentino Crónica, un panelista llegó a llamar a que los seguidores de Gaspi se mataran, sin ningún tono de ironía y únicamente para conseguir una reacción. En tiempos donde todo vale, no puede ser comprensible que tengamos a tipos en medios abiertos entregando mensajes de odio como si fueran parte del espectáculo.
Sin embargo, la corriente del odio es mucho más compleja. En un artículo de internet no sacaremos nada explicándola y menos aún será esta la instancia para resolverla. Porque el problema es más profundo: vivimos en una época donde el algoritmo premia el escándalo, la reacción inmediata y la polémica por sobre la empatía.
En estas horas, mientras se confirman ciertos temas, surgen muchas interrogantes sobre todo lo sucedido. Desde la familia de Gaspar, con su padre hablando de un atentado, hasta lo relacionado con el cantante Oliver Tree y ciertos problemas que habría tenido con una élite. Pero aquello no es más que especulación en medio de un acontecer lamentable, donde las respuestas aún parecen lejanas y el dolor sigue siendo más grande que cualquier teoría.
Virtuosos en sus áreas ya no se encuentran con nosotros, y eso claramente nos da a entender que estamos viviendo tiempos de negación. Muchos hemos sufrido la muerte de un ídolo y es casi un idioma universal sentir esta misma pena. La pérdida trasciende fronteras, idiomas y generaciones, porque al final del día todos compartimos ese vacío que dejan quienes marcaron una época.
Solo esperamos respeto desde los medios tradicionales y digitales hacia quienes ya no se encuentran con nosotros. Porque el legado de una persona no debería medirse por los clics que genera su partida, sino por la huella que dejó en quienes lo acompañaron en vida.