Una publicación viral en Japón volvió a poner bajo la lupa a Fullmetal Alchemist y, en particular, a uno de los rumores más repetidos en foros y redes: que su autora, Hiromu Arakawa, detestó la adaptación televisiva y terminó enfrentada con el equipo creativo. La revisión de fuentes originales de la época, sin embargo, dibuja un escenario muy distinto.
El usuario たね (mugichanka20022) recopiló entrevistas, fanbooks oficiales y artículos de revistas publicadas entre 2003 y 2004 para reconstruir el contexto de producción. Los documentos confirman que las primeras conversaciones para llevar la obra al anime comenzaron en septiembre de 2002, cuando el manga apenas contaba con dos tomos en circulación. La decisión de avanzar rápidamente respondió a una práctica común de la época: varias series de la revista Gangan eran adaptadas con escaso margen respecto a su publicación impresa.
En el tercer fanbook oficial, el director Seiji Mizushima reconoció que la iniciativa se tomó con premura ante la posibilidad de que otro equipo asumiera el proyecto. Esa anticipación tuvo una consecuencia evidente: el anime alcanzó al manga en desarrollo y obligó a construir una historia original para televisión.
Lejos de quedar al margen, Arakawa participó como consultora. En el cuarto fanbook se consigna un diálogo distendido entre la autora y Mizushima sobre los inevitables cambios. También se documenta que intervino en decisiones concretas. Un ejemplo fue la propuesta de rediseñar a Nina convertida en quimera con un aspecto más perturbador; tras revisarlo, la mangaka consideró que excedía el tono adecuado y el concepto fue descartado.
En la planificación del desenlace —cuando se confirmó que la serie tendría cuatro cours— el equipo evaluó múltiples alternativas para el antagonista final. Según el quinto fanbook, la línea definitiva se estableció después de consultar con la autora. En entrevistas de 2003, publicadas en la revista Animage, Arakawa señaló que ella misma pidió un final distinto al del manga, argumentando que una adaptación idéntica carecería de sentido como propuesta en otro medio.
El origen del rumor sobre su supuesto rechazo total se remonta a una declaración en la revista Animedia (octubre de 2004). Allí expresó su desacuerdo con la representación del personaje Rose en un episodio avanzado, al considerar que la escena excedía el marco de entretenimiento que buscaba para un manga shonen. Esa crítica puntual, dirigida a una decisión específica, habría sido amplificada con los años hasta transformarse en la idea de que repudiaba toda la serie.
La recopilación destaca además que muchos de estos materiales —ediciones especiales de DVD, folletos promocionales y programas televisivos— hoy son de difícil acceso, lo que facilita interpretaciones parciales. Con las fuentes disponibles, el cuadro que emerge es el de una producción marcada por la colaboración y por desacuerdos acotados, no por una ruptura abierta.
A más de veinte años de su estreno, la versión de 2003 continúa dividiendo preferencias frente a adaptaciones posteriores. No obstante, la evidencia documental sugiere que la narrativa del “odio” de Arakawa pertenece más al terreno de la exageración que al de los hechos comprobables.