El cine mundial despide a uno de sus grandes artesanos de la imagen: Renato Casaro, mítico diseñador de carteles cinematográficos, falleció a los 89 años en Treviso, su ciudad natal, víctima de una bronconeumonía. Su trazo, su sentido del espectáculo y su capacidad de transformar una película en mito lo convirtieron en una figura irrepetible dentro de la historia del séptimo arte.
Casaro fue responsable de algunos de los afiches más recordados de la gran pantalla, aquellos que no solo anunciaban una película, sino que la convertían en parte de la memoria colectiva. Desde Flash Gordon hasta Dune, pasando por Érase una vez en América y Rambo, su obra abarcó un imaginario que definió a generaciones enteras de cinéfilos.



Su carrera comenzó muy temprano. En 1953, con apenas 18 años, entró a trabajar en Studio Favalli, la empresa más prestigiosa de publicidad cinematográfica en Italia. El talento era tan evidente que, tres años después, decidió fundar su propio estudio, marcando el inicio de un recorrido meteórico
El gran punto de inflexión llegó en 1965, cuando Dino de Laurentiis lo contrató para diseñar el cartel de La Biblia… en su principio, dirigida por John Huston. A partir de esa colaboración, el productor italiano convirtió a Casaro en su artista de confianza, y de esa sociedad surgieron pósters tan memorables como los de Flash Gordon, la adaptación de Dune realizada por David Lynch y, de manera especial, el de Conan el Bárbaro, que inmortalizó la figura de Arnold Schwarzenegger en una imagen que hoy sigue siendo emblema de la cultura pop.
Pero Casaro no trabajó únicamente con De Laurentiis. Su firma quedó impresa en películas de directores de primer nivel: Sergio Leone (El bueno, el feo y el malo, Érase una vez en América), Bernardo Bertolucci (El último emperador, El cielo protector), Paul Verhoeven (Los señores del acero) y Sam Raimi (El ejército de las tinieblas). En cada cartel, Casaro supo conjugar el arte pictórico con el magnetismo comercial, logrando que un simple afiche condensara la esencia de toda una película.
La muerte de Renato Casaro significa la partida de un maestro que supo transformar el póster cinematográfico en arte. Su legado permanece colgado en miles de muros, colecciones y memorias, recordándonos que antes de que la luz del proyector se encendiera, era su pincel el que encendía la imaginación del espectador.