Murió Hulk Hogan: ídolo, villano y piedra angular de la lucha libre
Redactor: Tio EnerGeek
Publicado: 24 Jul 2025 Tiempo de lectura: 5 min
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Este 24 de julio, a los 71 años, falleció Hulk Hogan (Terry Gene Bollea), uno de los rostros más icónicos, polémicos y decisivos en la historia de la lucha libre profesional. Un infarto fulminante acabó con la vida del llamado “inmortal”, cerrando un capítulo que fue tan espectacular como incómodo. La figura de Hogan no fue solo la de un showman musculoso; fue la de un símbolo cultural que osciló entre el héroe yankee, el empresario maquiavélico, y el hombre cuya máscara se cayó con escándalos y declaraciones vergonzosas.

El nacimiento de un dios pop

En los 80, Hulk Hogan lo fue todo. Su imagen invadía almuerzos familiares, juguetes, VHS, películas y hasta cereales. Fue el rostro visible del imperio de Vince McMahon, quien entendió que el wrestling podía pasar de ser deporte-espectáculo a ser un fenómeno mediático global. Hogan, con su carisma básico pero magnético, supo encarnar la “Hulkamanía”: una especie de moralidad musculosa basada en el “di tus oraciones, toma tus vitaminas y cree en ti mismo”.

Pero tras esa fórmula había una realidad más sucia. Hogan fue acusado reiteradamente de usar su poder para frenar carreras emergentes, reescribir guiones a su conveniencia, y construir su legado aunque fuera a costa de otros. El «face» más querido del mundo era también un backstage boss que muchos temían.

La traición que cambió la historia: el nacimiento del nWo

En 1996, Hogan hizo lo impensado. En WCW, durante el evento Bash at the Beach, traicionó a los fanáticos y se unió a Scott Hall y Kevin Nash para formar el New World Order (nWo). Fue un shock cultural: el símbolo del bien se transformó en el villano definitivo.

Con barba teñida, vestimenta negra y una actitud cínica y arrogante, Hollywood Hogan encarnó el anti-héroe que definió una nueva era. El público lo abucheaba, pero no podía dejar de mirar. El nWo arrasó con todo: reinventaron las promos, alteraron la estética, convirtieron cada aparición en un statement. Fue el inicio de la Monday Night War, donde WCW, por primera vez, comenzó a ganarle en rating a la WWF.

La traición no fue solo en pantalla. Hogan y sus aliados, respaldados por el dueño de WCW, Eric Bischoff, se transformaron en intocables, metiendo mano en decisiones creativas, contratos millonarios y turnos estelares. La lucha libre ya no era sobre habilidad: era sobre política interna, ego y poder.

El regreso al imperio y el golpe a Vince

Cuando WCW colapsó, Vince McMahon compró la competencia. Hogan, Nash y Hall regresaron a WWE en 2002 como parte del nWo, pero el momento había pasado. La nostalgia vendió camisetas, pero no podía disfrazar el paso del tiempo ni los conflictos no resueltos.

Pese a ello, Vince le dio espacio: desde combates con The Rock en WrestleMania X8 (una joya emocional), hasta una rivalidad tardía con Shawn Michaels. Sin embargo, el ambiente siempre fue tenso. Vince y Hogan nunca se amaron realmente. Uno veía al otro como un títere útil, y el otro como un titiritero abusivo.

En backstage, Hogan aún reclamaba protagonismo, alteraba planes creativos y buscaba no perder estatus frente a la nueva generación. Nunca pudo, ni quiso, ceder el trono. Como dijo alguna vez Chris Jericho: “Trabajar con Hogan era como estar atrapado en los 80 con un guionista paranoico al lado”.

La caída fuera del ring

En 2015, la imagen pública de Hulk Hogan colapsó. Se filtraron audios donde se lo escuchaba usando insultos racistas de forma reiterada, en una conversación privada grabada durante un escándalo sexual. WWE lo despidió, lo borró de su sitio web, y fue expulsado del Salón de la Fama.

Aunque años después fue reincorporado y pidió disculpas, su estatus moral quedó herido de muerte. La industria, cada vez más consciente de sus prácticas tóxicas, comenzó a mirar con otros ojos al ídolo de antaño. Lo que antes se callaba, hoy se decía en voz alta: Hogan fue racista, demagogo y egocéntrico. Pero también, y aquí la contradicción brutal, una figura irreemplazable en el ascenso de la lucha libre como fenómeno global.

El legado incómodo de un coloso

Hulk Hogan fue héroe e hipócrita, ícono e impostor, mito y ser humano. Fue el tipo que inspiró a miles de niños… y el tipo que después los decepcionó.

Sin él, probablemente nunca habríamos tenido una industria como la actual. Sin él, The Rock no habría cruzado a Hollywood, ni WrestleMania sería lo que es. Pero también sin él, quizás el backstage de la lucha libre no habría estado dominado por códigos de ego y manipulación durante décadas.

Hoy, Hulk Hogan muere como vivió: envuelto en luces, sombras y contradicciones. No se va limpio. No se va amado por todos. Pero se va como piedra angular de un espectáculo que, con él o sin él, nunca volvió a ser el mismo.

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