
En los años 90, mientras gran parte del mundo miraba hacia las consolas de 16 bits, Brasil vivía una realidad paralela donde la Sega Master System reinaba como una de las plataformas más populares del país. Esto fue posible gracias a Tectoy, una empresa brasileña que no solo se encargó de distribuir oficialmente los productos de Sega, sino que también adaptó, localizó y en algunos casos transformó completamente juegos para responder a la idiosincrasia cultural del público brasileño. En ese contexto único nació un videojuego que hoy es casi una leyenda: Chapolim x Drácula: Um Duelo Assustador, el juego oficial del Chapulín Colorado para la Master System.
La consola de 8 bits de Sega, aunque eclipsada en otros mercados por la NES de Nintendo, tuvo en Brasil una segunda vida gracias a las estrategias de Tectoy, que no solo tradujo y vendió el hardware, sino que reimaginó franquicias para adaptarlas al gusto local. Paralelamente, los programas de Roberto Gómez Bolaños, particularmente El Chavo del 8 y El Chapulín Colorado, alcanzaban niveles de popularidad masiva en el país. Emitidas bajo los nombres Chaves y Chapolim, ambas series gozaban de una fuerte presencia en la televisión abierta, lo que las convirtió en íconos culturales para varias generaciones de brasileños.
En 1993, en un movimiento sin precedentes, Tectoy lanzó oficialmente Chapolim x Drácula: Um Duelo Assustador, un juego protagonizado por El Chapulín Colorado. El título no fue desarrollado desde cero. En su lugar, Tectoy tomó como base Ghost House, un juego publicado originalmente por Sega en 1986, y procedió a realizar una modificación integral de sus elementos. El personaje principal, Mick, fue reemplazado por un sprite completamente rediseñado de Chapulín, y otros detalles gráficos, así como la música del juego, también fueron adaptados para ajustarse a la estética del superhéroe torpe y noble creado por Chespirito.

Esta práctica de modificar juegos para adaptarlos a personajes locales no era nueva para Tectoy. Ya lo había hecho con otras franquicias, como Wonder Boy, que fue transformado en Mônica no Castelo do Dragão usando a los personajes del cómic brasileño Turma da Mônica. La diferencia clave con Chapolim x Drácula es que, en este caso, la modificación no solo fue autorizada por Sega, sino que también contó con la licencia oficial de Roberto Gómez Bolaños. Por lo tanto, no se trataba de un simple hack casero o de una producción pirata: era un juego legítimo, avalado tanto por la compañía japonesa como por el creador mexicano.
En cuanto a la jugabilidad, Chapolim x Drácula conserva la mecánica de Ghost House. Se trata de un juego de acción en 2D con vista lateral, en el que el jugador debe recorrer una mansión encantada y derrotar a una serie de vampiros y enemigos para avanzar. Aunque las mecánicas no cambiaron drásticamente, la presencia del Chapulín, junto con cambios visuales y auditivos, le dieron una nueva identidad al juego, haciéndolo reconocible y entrañable para el público brasileño.
Este lanzamiento representa el primer videojuego oficial basado en un personaje del universo de Chespirito, y antecede por casi dos décadas a títulos como El Chavo Kart y El Chavo: La Fiesta, desarrollados por Kaxan Studios y publicados entre 2012 y 2014 para consolas como PlayStation 3, Xbox 360 y Wii. A diferencia de esos juegos, que tuvieron una distribución regional más amplia, Chapolim x Drácula fue exclusivo del mercado brasileño y no se lanzó fuera del país.
La existencia de este juego demuestra no solo el alcance regional de Chespirito, sino también el nivel de devoción que su obra generó en países de habla no hispana. La combinación de un superhéroe improbable con un juego de terror caricaturesco funcionó dentro del contexto cultural brasileño, donde la figura del Chapulín era entendida y querida al mismo nivel —o incluso superior— que en su país de origen.
Hoy en día, Chapolim x Drácula: Um Duelo Assustador es considerado un objeto de culto entre coleccionistas y entusiastas de la historia de los videojuegos en América Latina. A pesar de no haber salido del circuito brasileño, su legado persiste como uno de los ejemplos más singulares de localización cultural en la era de los 8 bits.